INTRODUCCIÓN
Algunos juegos pueden jugarse sin prestar demasiada atención a quién sea tu oponente o qué está intentando hacer. Si eres un experto jugador de ajedrez, y juegas contra un aficionado no necesitas preocuparte por lo que piensa o planea hacer. La posición en el tablero contiene fichas poker toda la información que te hace falta para aplastarlo. Simplemente haces jugadas técnicamente buenas, él comete sus errores inevitables y al final lo derrotas.
El BACKGAMMON es un juego parecido, pero ofrece más posibilidades de explotar la debilidad (cuando se sabe) de un jugador. Si eres un jugador fuerte que juega contra otro más débil, puedes limitarte a hacer tu juego normal y al final ganarle. Pero también puedes mejorar tus resultados y ganar un poco más si has observado errores en el juego de tu contrincante. Podrías, por ejemplo, ofrecer un doble que sería técnicamente incorrecto contra un jugador fuerte (porque sabría “tomarlo”) pero que funciona contra un oponente débil, porque le has visto pasar dobles en posiciones similares antes.
Reconocer esa oportunidad te permite ganar dinero con un juego que sería incorrecto contra un jugador más fuerte.
El Póker, sin embargo, no es como estos juegos. Cuando juegas al Póker no estás intentando hacer jugadas “objetivamente buenas” sin más. También intentas ocultarles a tus oponentes la naturaleza de tus jugadas mientras tratas de calcular lo que ellos están haciendo para poder contrarrestar. No es tarea fácil equilibrar todos estos objetivos, y hacerlo bien requiere por tu parte una buena apreciación de lo que ha estado ocurriendo en la mesa. Yo llamo a esto “leer la mesa” y consiste en observar los “TELLS” físicos, patrones de apuestas, y tu propia imagen (la imagen que das a los demás).



